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Antirecital: la experimentación en los conciertos de música clásica 

León, Guanajuato

Música

Antirecital: la experimentación en los conciertos de música clásica

Por Eduardo Esquivel    01/08/18

La sala de conciertos, las luces bajas que iluminan al artista, el silencio que empodera, la idealización del genio artístico, la construcción de un abismo impetuoso; un concierto de música clásica, el modelo que separó cada día más al artista del público. 

La comunicación sensible es imprescindible para que un concierto funcione.

Hoy, muchos músicos no aprendemos a sentirnos como humanos expresivos, no aprendemos a sentirnos en la otredad (como público), no participamos de la recreación metodológica de la sensibilidad implícita del lenguaje musical, o al menos, no lo estudiamos, como estudiamos la digitación y la resistencia física al instrumento.

Los intérpretes experimentan con el compositor en un discurso donde pueden ser libres de cambiar las obras en cualquier rubro del lenguaje musical. El Antirecital es también un ejercicio creativo que nos responsabiliza del uso de la creatividad y nos ayuda a cuestionar epistemológicamente, la tradición del concierto en la música clásica.

Las tradiciones son difíciles de comprender; en la música clásica, los principios del concierto se remontan al siglo XIV cuando varios espectáculos escénicos itinerantes, viajaban de pueblo en pueblo construyendo una red de noticias, cuentos, leyendas y constructos de diversos tipos. Lo escénico se formó como uno mismo, partiendo de la necesidad de expresar, sentir y comunicar.

Ahí la música empezó a tomar un papel importantísimo y fue evolucionando a la par de la llegada de la ópera a principios del siglo XVII, los italianos le llamaron concierto porque la idea primigenia venía de colectivizar la música, de concertarla, no sólo entre los que la producían sino entre los que la querían disfrutar.

Llenar espacios más grandes, implicaba grupos musicales más numerosos.  De ahí en adelante, el siguiente rompimiento concertístico se dio con el pianista Franz Liszt, que cambió su nombre por recital pues para él, en los conciertos se construía una apología de lo inefable.

Desde entonces, el recital como lo conocemos hoy, es casi el mismo. Ya en el siglo XX, se convirtió en una tradición instituida por una industria que creció más con fines económicos, que con fines artísticos.

Ahí, se volvió casi religioso el respeto por el compositor, en el recital tradicional de música clásica, el compositor manda, la partitura es casi sagrada y es el punto del conocimiento más puro para un intérprete. Pese a esto, el concierto no puede negar que no ha podido desprenderse de su origen circense.

El Antirecital retoma esta idea y trata de enseñar que la libertad es responsabilidad, y la responsabilidad es aprender a decidir. Se aprende a decidir desde la parte más primordial en la relación que existe al escuchar música: disfrutar.

Hoy en día, desde que el alumno comienza su instrucción en la hermenéutica de la música, existe la apropiación de su voluntad hacia el conocimiento, el estudio y la metodología; herramientas que ayuden a devolver a los textos musicales su significado.

Sin embargo, la formación técnica, estilística, histórica y contextual -entre muchas otras-, termina por convertir el proceso hermenéutico, en una constante aproximación, donde casi siempre se abandona un espíritu creativo individual y los acercamientos van haciendo la formación suficiente, para que en unos años, el alumno pueda llegar al proceso más difícil del arte escénico en la interpretación musical: aprender a sentir y aprender a que el público sienta lo que el intérprete quiera.

Existe el Antirecital para enseñarle al artista que no se le olvide sentir, sentirse y sentirnos, en el aspecto en el que el concierto sigue funcionando, como una retroalimentación que existe continuamente en la momentaneidad, en liminalidad íntima de comunicar desde lo sensible, en la necesidad de significar lo inefable.

Sin reglas, con apoyo audiovisual y desde el aprendizaje de la libertad, el alma del antirecital está en cada uno de nosotros, pues es algo que el recital tradicional olvidó: descubrir.

Eduardo Francisco Muñoz Esquivel es el actual director de la Escuela de Música de León. Egresado de la licenciatura en Piano y maestro en Cultura y Arte, se ha desempeñado como docente, además cuenta con una amplia carrera de presentaciones en escenarios locales, nacionales e internacionales.

Texto publicado originalmente en Revista Cultural Alternativas 96. Antirecital: la experimentación en los conciertos de música clásica. 


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