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El Nigromante: otro bicentenario 

León, Guanajuato

Cultura, Identidad y Patrimonio

El Nigromante: otro bicentenario

Por Luis Meza   20/06/18

Herrera en los pictórico e Ignacio Ramíerez, El Nigromante, en las letras y las ideas, son dos de las grandes luces de Guanajuato en el siglo XIX. De ambos se conmemora el bicentenario de su nacimiento, ocasión propicia para revalorar su legado. 

Resulta por demás curioso que dos de los personajes más significativos para la historia de Guanajuato hayan tenido un trayecto tan paralelo en lo cronológico, como opuesto en su pensamiento. Nos referimos a Juan Nepomuceno Herrera e Ignacio Ramírez, El Nigromante, los bicentenarios más significativos para nuestra entidad, en el ámbito del arte y las letras, durante este año.

Uno de ellos se convertiría en unos de los mayores retratistas mexicanos de su tiempo; mientras que el otro, en el gran intelectual de la Reforma, amén de un erudito sumamente competente en las más disímbolas áreas del saber: desde la geografía, hasta la retórica.

Herrera vendría al mundo, en León, el 26 de mayo de 1876. Menos de un mes después, el 22 de junio, vería la primera luz, en San Miguel de Allende, Ignacio Ramírez, hijo de Lino Ramírez, un reputado político liberal de Querétaro, opositor a Santa Anna y a los privilegios del clero; filiación ideológica que permearía en su hijo, quien por las presiones políticas que enfrentaba su familia, terminó emigrando junto con esta a la Ciudad de México.

Mientras Herrera se crió en una familia católica y estuvo cerca del clero toda su vida, Ramírez conmocionó pronto a la intelectualidad mexicana cuando, a los 19 años, ingresó a la Academia de San Juan de Letrán, con una tesis fulminante: «No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos». A esa misma edad, Herrera daba las primeras muestras de su genio retratando al obispo de Michoacán.

Aunque pasaron en mayor o menor medida por la academia, tanto Herrera como Ramírez tienen un alto componente autoformativo. En el caso del intelectual, fue legendaria su voracidad como lector, al punto que su discípulo y primer biógrafo, Ignacio Manuel Altamirano, señaló: «habiendo entrado en esas bibliotecas erguido y esbelto, salió de ellas encorvado y enfermo; pero erudito y sabio, eminentemente sabio».

¿Y de qué leía El Nigromante? De todo, literalmente. Por ello, aunque su título fue de abogado, fue ampliamente competente no sólo para elaborar dictámenes sobre geografía, botánica y meteorología, sino para debatir con solvencia entre los especialistas de esos campos, y para generar una obra vasta, aunque disgregada entre publicaciones periódicas, que alcanzaba también los terrenos de la poesía, el teatro y la oratoria, en donde alcanzó una estatura admirable.

Ramírez acuñó su sobrenombre, El Nigromante —en alusión a esa rama de la adivinación basada en la invocación a espíritus de los muertos—, al iniciar su carrera periodística en Don Simplicio, publicación que fundó en 1845 junto con Guillermo Prieto y Vicente Segura. En las páginas de ese periódico, se convirtió un azote del gobierno conservador y un encendido defensor de las ideas reformistas, para sacar de la postración económica, política y social a su país.

El Nigromante fue conocido como el Voltaire mexicano, tanto por su saber enciclopédico, como por sus ideas revolucionarias. También es considerado el apóstol de la Reforma y formó parte brevemente del gabinete de Benito Juárez. Tuvo la oportunidad de poner en marcha sus ideas progresistas sobre la educación (laica y accesible a todos los sectores más vulnerables) y la justicia, en diversas encomiendas, siendo la más larga de ellas la de magistrado de la Suprema Corte de Justicia.

Herrera rara vez salió de León para ejercer su oficio; mientras que El Nigromante dejó huella tanto en la Ciudad de México y Toluca, como en Puebla y Sinaloa; sin contar su exilio en Estados Unidos y sus periodos de prisión, en Veracruz y Yucatán.

Al morir Juan Nepomuceno Herrera, en 1878, un velo de olvido se abatió progresivamente sobre su obra por casi un siglo; mientras que El Nigromante, quien pasó a la eternidad al año siguiente, gozó siempre de gran fama. Este 2018 es una buena ocasión para redescubrir sus legados. ❦


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