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Una tarde inesperada en la FeNaL

León, Guanajuato

Música

Una tarde inesperada en la FeNaL

Por Anahí Guerrero Luna    07/05/17

Durante la Feria Nacional del Libro de León 2017 (FeNaL), Anahí Guerrero Luna visitó el espacio conocido como ‘El Telón de la Palabra’ para disfrutar de un concierto didáctico a cargo de ‘La Pingo’s Orquesta’, quienes explicaron a los niños, niñas e incluso a los adultos ahí reunidos, las peculiaridades de cada instrumento musical  aparte de ofrecer un divertido concierto. 

 

 

 

Hoy de nuevo me encuentro en busca de aventuras, aunque la FeNaL evidentemente está llena de pequeñas historias cada día. Al entrar a el Telón de la Palabra comencé a preguntarme a mí misma ¿Un concierto de música para niños?, ¿Qué hago aquí?.

En realidad ni siquiera sabía en dónde se encontraba el lugar, y aunque ya lo había visitado para disfrutar Conferencia sobre la llucia, nunca me habría imaginado que fueran el mismo escenario.

El telón de la palabra es mágico, tiene el poder de ser muchos lugares en diferentes ocasiones. Puede ser escenario para una gran banda, o incluso puede ser el escritorio de un viejo bibliotecario expresando sus pensamientos existencialistas.

Para mí hoy fue motivo de sonrisas, un avión que me llevaba a otros lados volando y  una puerta a otra dimensión.

En aquella habitación oscura me encontraba yo, alrededor  padres y niños ubicaban su lugar guardando energías para lo que viniera a continuación, yo por mi parte, me senté pensando en que me iría lo más antes posible sin mirar a los artistas. No esperaba cantar al son de la música infantil algo que tuviera que ver con verduras o con pájaros rosas, no me imaginaba en ese instante la sorpresa que me llevaría.

Supe que no se trataría de verduras ni unicornios al observar las luces, podías voltear al escenario y sentir que estabas en un concierto importante, al primero que observé fue a un muchacho ameno y robusto cargando el contrabajo. Mi curiosidad aumentó precipitando mi mente a que aquella experiencia no venía como me la había pintado.

Después salió el artista que tomó la palabra, un tipo bajo con coleta con la fachada prejuiciosa de un músico profesional, el violinista; y acompañándolo aparecieron los demás cargando su instrumento como un tesoro.

Me acomodé sigilosamente el pelo mientras observaba atenta el brillo y me propuse a escuchar atentamente.

Entonces comenzó el aullido, el violín al centro iluminado lloraba de alegría, sus compañeros lo acompañaban melódicamente generando una canción en el interior de su audiencia. El violín gigante (así lo apodaron los niños), contrastaba con el chillar de su hermano pequeño y por su parte la trompeta generaba su propia fiesta, con sonidos que parecían dar vueltas como el aire.

Los niños y sus padres comenzaban a aplaudir con euforia, cerré los ojos dejándome llevar por la riqueza de la melodía, me imaginé de pronto bailando con un vestido medieval al centro de un círculo de niños, que aplaudían con sus sonrisas bastas y ligeras dejándose llevar como yo lo hacía.

En la sala no éramos los únicos extasiados por la melodía, los músicos tan genuinos y exóticos tocaban con pasión en un escenario que no parecía tener 20 gentes, sino 200.

Se ajenaban del mundo cerrando los ojos, seguramente imaginando los mundos que se encuentran en los libros.

Me pareció curioso que los padres de nuevo se convirtieran en niños, y de pronto como dijo el buen Benito Taibo, dejan de ser autoridades y se convierten en cómplices. Su mirada brilla, sienten en sus padres el recuerdo de su infancia que emana de ellos. Son instantes que no duran mucho tiempo.

La música seguía, interpretaban un tema que salió en la conocida caricatura de la Pantera rosa, y está pobre niña como fanática del Jazz se veía fascinada por las luces que se prendían en su interior.

Un viaje por el mundo a través de la música, el título de su presentación fue muy atinado.  Pues yo me encontraba en un restaurante en Nuevo Orleands bailando sin tapujos; pensé que solo la lectura te transportaba a otros mundos, pero me di cuenta que la música también te lleva al cerrar los ojos, te persuade a imaginar, es el poder del arte, la belleza de su magia.

La experiencia fue igual de emotiva para todos, cada músico presentó su instrumento, guitarra, contrabajo, clarinete, tarola, violín y trompeta. Incluso invitaron a niños suertudos a que subieran a ser ellos los artistas. También bailaban bajo el escenario al escuchar la música, la audiencia entera se contagió de la chispa que prendían los instrumentos y sus interpretes.

La función terminó, el público gritaba enérgicamente que tocaran una última, los viajes terminaron, no hubo más huapangos, ni tangos ni cumbias. Apagaron las luces y se apagó mi corazón.

Pudiera parecer exagerado, o incluso dramático, pero los momentos, nos tocan diferentemente a cada uno. Algunas veces no sientes ninguna emoción en tu interior, ni tristeza, ni alegría, ni objeción.  Y es por eso que estos instantes efímeros de vida son tan relevantes, pues en un día sin emociones te hacen sentir plena, aunque sea por unos minutos.

 


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