Improvisa y sigue bailando 

León, Guanajuato

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Improvisa y sigue bailando

Por Ilse Torres   19/11/20

¿Qué vamos a hacer cuando todo esto termine? ¡Bailar!  - Waititi, T. (2019) Jojo Rabbit.

Todo, aparentemente, estaba bien. Recuerdo que iba camino a Ciudad de México cuando de pronto, comenzó a aparecer en las noticias la decisión por parte del gobierno de suspender las clases debido a la llegada de un nuevo virus al país, uno del cual escuchábamos hablar en los medios de comunicación y veíamos a lo lejos los estragos que causaba.

A los pocos días me encontré en una cuarentena que duró más de tres meses, en donde poco a poco empecé a perderlo todo. Las clases que impartía fueron suspendidas, así como las funciones y proyectos que tenía en puerta; en un lapso de tiempo muy corto empecé a ver cómo las cosas por las que trabajé por meses se empezaban a posponer o cancelar, incluso mis relaciones sociales cambiaron. Me sentía desesperada, triste e impotente. Me rodeaba una sensación de incertidumbre y mi estado de ánimo era como una montaña rusa.

Mi familia y amigos fueron de gran ayuda pero, sin lugar a dudas, mi fiel compañera de toda la vida, la danza, me salvó una vez más. 

Siempre he pensado que la vida está relacionada con lo que aprendes en un salón de danza, en este caso: ¿qué haces cuando algo no sale bien, se te olvida la coreografía o simplemente pasa algo que no esperabas como… una pandemia? 

¡IMPROVISAS Y SIGUES BAILANDO!

Un maestro de improvisación muy querido, Peter Bingham, me enseñó bases muy valiosas para llevar a cabo esta acción: seguir impulsos, explorar, dejar ir/continuar, estar en constante mutación, pero sobre todo confiar en ti mismo. Estas bases me han mantenido a flote, adoptándolas para formarme como un ser humano resiliente.

Generalmente cuando me pasa algo que altera mi mente, en este caso negativamente, la danza se convierte en un acto de liberación provocando que mi mente sea más creativa y mi cuerpo más perceptivo; me dejo llevar y me abro paso a posibilidades de reflexión. La danza me hace aterrizar y al mismo tiempo  

me hace volar, 

me hace ser, 

me hace estar, 

me hace conocerme, 

me dejo ser agua, aire, tierra y fuego sin juzgarme, 

sin rencores ni frustraciones…

simplemente me permito ser a través del movimiento.

 

Se dice que la danza es movimiento y el movimiento es vida, que estamos en constante cambio y que el día en que algo se detiene es porque está… muerto.

Y efectivamente, la pandemia vino a moverlo todo. Nos ha enseñado lecciones importantísimas sacando a flote lo que ya estaba mal y no queríamos ver, nos ha mostrado lo que en verdad importa generando un cambio social que nos recuerda lo valiosa y lo frágil que es la vida.

Ahora más que nunca, el arte me ha salvado y me ha hecho evolucionar, cambiar y adaptarme de formas que nunca creí posibles. He aprendido tantas cosas a través de la danza, sus enseñanzas y compañía eterna me han brindado experiencias únicas; hasta cierto punto catárticas.

Vivimos en un mundo culturalmente diverso, pero de algo estoy segura: el lenguaje del arte y los sentimientos son universales.  

Yo te aconsejo que bailes.

Baila siempre, no sólo cuando las cosas estén bien. 

¡Baila cuando estés triste, 

baila cuando estés enojado, 

baila en la cocina, 

en el baño, 

en el carro, 

pero sobre todo, baila en medio del caos!  

Baila y agradece estar vivo.

 

Este texto se publicó originalmente en la Revista Cultural Alternativas 122: bit.ly/Alternativas122


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