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Alimentos espirituales 

León, Guanajuato

Cultura, Identidad y Patrimonio

Alimentos espirituales

Por María Luisa Vargas San José   11/03/19

Esta vida es en verdad, cosa incierta… los ciclos naturales que traen el calor se transforman, pasando a las lluvias y de éstas al frío, pero raramente prevalece la moderación feliz de un año perfecto; por tanto, si algo es innegable desde el principio de los tiempos, es que frente al destino ignoto todos necesitamos aliados sobrenaturales: dioses grandes y poderosos pero caprichosos inspiraron nuestro respeto en todas las culturas antiguas; en las actuales, el santo patrono de la ciudad, del barrio, del gremio… o nuestro santo particular. Todos ellos capaces de cobijarnos con su protección y auxilio frente a la volubilidad de la vida, de la fortuna o de la madre naturaleza.

A estos socios, nosotros los pequeños seres humanos, solemos ofrecerles aquello que nos parece más valioso, lo que nos da placer y lo que nos mantiene vivos, así ofrecemos nuestros mejores bailes, joyas y cantos… y nuestros mejores platillos, porque el alimento es signo y símbolo de vida, ofrenda y dádiva… regalo.

Hay comidas rituales y comidas simbólicas. Los judíos que asisten al ritual del Seder comen platos de rábanos que simbolizan las lágrimas que sus ancestros derramaron cuando se hallaban esclavizados por los egipcios; los aztecas despedían a sus guerreros antes de la batalla con viril chocolate caliente combinado con chile molido y en rituales de renovación comían hombrecillos hechos de pasta de amaranto, signo referencial a los huesos de los hombres del cuarto sol, con los cuales, y a partir de su sacrificio, Quetzalcóatl el compasivo nos había formado a los hombres actuales, “los merecidos”. Católicos y anglicanos comulgan usando alimentos mediterráneos de tradición hebrea: vino y pan: cuerpo y sangre de Cristo, de gran trascendencia simbólica por su relación con el sacrificio del hijo de Dios que consigue el perdón de los pecados de los hombres derramando su propia sangre y ofrendando su cuerpo, nutriendo el alma humana.

Para los antiguos egipcios las cebollas simbolizaban las muchas capas del universo; el juramento sobre una cebolla equivalía a la sagrada promesa con la mano sobre la Biblia que hoy en día pretende comprometer por toda la eternidad al testigo que asegura decir toda y nada más que la pura verdad.

En todo el mundo las bodas terminan con comida, que simboliza la prosperidad, la alegría y la abundancia de hijos y de bendiciones; al amigo que se va se le despide con comida y si regresa de algún lugar lejano o ha estado fuera por largo tiempo se le recibe con platillos especiales, platillos jubilosos, con bebidas que destapen la alegría y que expresen nuestro regocijo; si la intención es que un acontecimiento adquiera un peso emocional simbólico o místico, habrá comida para santificarlo o sellarlo; si se trata de una ceremonia religiosa el alimento será señal y símbolo de sacrificio y homenaje, tal es el caso de las siete cazuelas de la Cuaresma, tradición espléndida de esta ciudad de León, desde donde escribo, como y vivo la vida a ritmo de los atardeceres más luminosos del mundo.

Cuando a León llega el Miércoles de Ceniza, se abre la Cuaresma con el banquete de las siete cazuelas.  

En siete cazuelas de buen barro acunamos un muestrario generoso de guisados típicos de esta temporada airosa, caliente y seca. Comer rico es un imperativo para nosotros, y siempre habrá manera de sacarle la vuelta a esos días de abstinencia cárnica, que no carnal...  sopa de habas, potaje de lentejas, nopalitos con pipián, tortitas de papa o de camarón seco y pescado rebozado bañado en salsa de jitomate espesa. Caldo de camarón, papitas locas, enjococadas o enfrijoladas con chipotle, son algunas de los clásicos guisos que se repetirán cada viernes de esta deliciosa cuarentena, que consolará su duelo el Viernes de Dolores con otra cazuela, esta vez una muy dulce, la capirotada hecha con bolillo y miel de piloncillo, horneada con pasitas, piñones y nuez; salpicada de coco rallado y queso.

Al final de cuentas, qué es la cocina, si no dádiva y ofrenda, regalo amoroso y espiritual para elevar el alma a la contemplación de los dones más amables de los dioses.

 

Este artículo pertenece a la Revista Alternativas 104, entra aquí para ingresar al contenido completo.


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