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El gótico y sus catedrales 

León, Guanajuato

Cultura, Identidad y Patrimonio

El gótico y sus catedrales

Por Carlos Flores Montúfar   12/02/19

Un estilo, una actitud. Pues bien, el gótico es, en realidad, una actitud que se manifiesta en lo que hoy llamamos estilo. La palabra gótico aparece hasta el Renacimiento italiano para referirse, en particular, a las catedrales, señalando así la expresión de los Francos como una cuasi locura y exceso emocional.

Sin embargo, no es una expresión específica de los pueblos Francos pues, la energía de los pueblos nórdico-germánicos contribuyó a la magnífica concreción edilicia en esos extraordinarios monumentos que bien dijo el abad Suger en aquella expresión tan elocuente que dicta así: “Hagamos unas catedrales que cuando las miren las generaciones futuras, piensen que estábamos locos…”.

La expresión de locura, en este caso, se refiere a la inmensa expresión de riesgo y solemnidad… y lo logró.

Las catedrales góticas podemos entenderlas auténticamente como una expresión democrática –en el sentido amplio de la palabra–, pues, en esos espacios participaron de diversas maneras la nobleza, la burguesía y el pueblo. Allí se guardaban los granos de las cosechas. Allí dormían los viajeros. Se comentaba y discutía todo lo concerniente a los acontecimientos y decisiones pertinentes al desarrollo económico bajo el amparo de la mística radiante de la Virgen María, pues recordemos que hay una nueva esperanza en la vida terrenal con la nominación de la Virgen María como madre y maestra de la comunidad, pues es un cambio radical del miedo al amor y la vida.

Así, su sistema constructivo, inspirado en la luz, se yerguen las columnas como haces infinitos hasta tocarse en las bóvedas en la conquista de las alturas, permitiendo los vitrales polícromos que iluminarán la fe, la esperanza de los pobladores. Así es, pues, esta íntima unidad entre lo humano y lo divino, lo divino y lo humano. Si los haces de columnillas se elevan finos y delicados para juntarse en las alturas de las bóvedas, bajan para aterrizarse. Así se manifiesta la unión de lo humano y lo divino, lo divino y lo humano.

Todo esto gracias a la estructura que, en el exterior, se convierte en un juego de claroscuros por los arbotantes que soportan muros y techumbres en una refinadísima lógica de pesos y contrapesos, dando pues, al exterior, un movimiento nunca antes conquistado. Las catedrales, por el exterior, vibran con sus pináculos y sus arriesgadas torres para, en el interior, cobijar con su espacio luminoso de colores la gran alianza entre la intimidad, en una paz comunitaria y personal, con esa vida exterior tan llena de agitación.

La catedral se construye de partículas: no son monolíticas. Cada piedra es el esfuerzo de una comunidad que, con enorme precisión, se suma a la intención de la unicidad, construyendo el misterio de la Iglesia como cuerpo místico de Dios.

La ansiedad de la verdad se logrará con la disminución de los muros, que permiten la presencia de los vitrales que iluminarán no sólo el espacio, sino el alma de los fieles, luz polícroma, que entre azules, rojos y transparencias se estampan en el piso y en los cuerpos de los fieles y que, en el humo solemne de los inciensos, el espacio de la catedral se regocija en el multicolor espaciado.

El cobijo Mariano, en esa paz litúrgica de la catedral, presenta la bondad que, sumada a la ansiedad de la verdad, se funde en la belleza expresiva de estos edificios de un modo que sigue vigente en estos días como apetito esencial del ser humano. Por eso, la vejez del edificio siempre será nueva, porque las catedrales góticas son inspiración para la paz en la intimidad de la persona y fuente creativa para las versiones de los arquitectos y artistas contemporáneos que, sin imitar su figura, re conceptualizan la misericordia, la paz y la dinámica en todos los días que acompañarán siempre a los seres humanos.

Muchas expresiones de la arquitectura religiosa contemporánea se han inspirado en estos conceptos, que no necesariamente siguen la copia figurativa de esas ancestrales arquitecturas góticas, sino captan su esencia.

Si las catedrales góticas han acompañado al tiempo, el tiempo, entonces, espera expresiones contemporáneas de esas cualidades que el espacio de paz y locura se junten nuevamente con expresiones actuales de aquellas vitales intenciones.

 

Carlos Flores Montúfar: Arquitecto por la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México. Artista plástico que ha incursionado en multitud de investigaciones estéticas, en particular la pintura. Ha participado en múltiples conferencias sobre Arte, particularmente Psicología del Arte, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Música.

Texto publicado originalmente en Revista Cultural Alternativas 103. El gótico y sus catedrales. 


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