El placer de la abstracción 

León, Guanajuato

Ciencia, Educación y Tecnología

El placer de la abstracción

Por Manuel Servín Guirado - Centro de Investigaciones en Óptica (CIO)   07/12/18

La búsqueda del placer es algo universal en los humanos, los mamíferos, los reptiles y tal vez en formas de vida más elementales. El neurotransmisor más importante del placer es la dopamina. Este neurotransmisor, es secretado principalmente por neuronas en estructuras cerebrales que se formaron hace millones de años y constituye lo que algunos llaman el cerebro ‘reptiliano’. 

La secreción de dopamina se asocia a placeres tales como el éxito, la alimentación, el sexo. Drogas recreativas como la cocaína, la nicotina y las anfetaminas, generan un súbito incremento de dopamina en nuestro cerebro.

Abusando de un reduccionismo conceptual, los placeres podríamos separarlos en dos categorías:

A) Los placeres corporales o primarios y B) Los placeres abstractos o cognitivos. Los placeres corporales son concretos e inmediatos. Más evolucionados y sofisticados son los placeres de la abstracción o cognitivos. Desarrollar una capacidad de abstracción sobresaliente requiere un continuo esfuerzo mental que toma años. El placer de la abstracción lo experimentan muchas personas, principalmente: pintores, músicos, escritores o científicos; personas creativas. En particular el famoso científico, Premio Nobel de Física Richard Feynman (1918‐1988), tituló un ensayo como: “El placer de descubrir”, en referencia al placer que experimentaba al descubrir un nuevo principio físico‐matemático.

No todos los placeres abstractos toman mucho tiempo en desarrollar. Existen algunos menos sofisticados al alcance de todos. Por ejemplo: resolver algún crucigrama, un test psicométrico o ganar una partida de ajedrez. Entonces experimentamos el placer de: ¡Ya lo entendí!, ¡ya lo resolví!, ¡ya lo arreglé!, ¡ya lo inventé!, ¡ya lo demostré!, ¡jaque mate! Súbitamente un torrente de dopamina es secretado en nuestro cerebro.

En particular, las matemáticas están muy jerarquizadas en su poder de abstracción. Sería difícil aprender álgebra sin saber aritmética. Así como aprender cálculo diferencial/integral sin saber álgebra y trigonometría. En un programa de la BBC sobre Richard Feynman, él comenta que a la edad de 13 años por sí mismo aprendió cálculo y le pareció una pieza de abstracción fabulosa, útil y divertida. Richard empezó a leer este libro de cálculo con su padre, pero lo encontró muy confuso e incomprensible. Entonces Richard se sorprendió al darse cuenta que algo tan simple para él, a otras personas les resultaba difícil de comprender.

 

La capacidad de abstracción matemática es como las capas de una cebolla. En el centro de la cebolla estaría, por ejemplo, la aritmética. En la capa siguiente podríamos encontrar el álgebra de preparatoria. La tercera capa podría ser el cálculo, y así sucesivamente. Para entender una capa superior debemos primero dominar la abstracción de las capas interiores. Sin embargo, tarde o temprano, nuestra capacidad de abstracción llega a un límite superior. Este límite es distinto para cada uno de nosotros. Por ejemplo, para el padre de Richard Feynman, su límite de abstracción era probablemente el cálculo. Su hijo Richard, dominaba niveles de abstracción físico‐matemática muy superiores.

La aritmética es muy útil, pero pocos dirían que es divertida. Sin embargo cuando aprendemos más matemáticas, empezamos a percibir inclusive belleza en las abstracciones matemáticas.

Aumentar nuestra capacidad de abstracción no solo es útil en matemáticas sino también en nuestra vida cotidiana. Nos enseña a pensar en forma más clara, precisa, racional, rigurosa y disciplinada. Esto nos permite encontrar fallas en las argumentaciones de otras personas como políticos o reporteros en medios de comunicación. Después de años de incrementar nuestra capacidad de abstracción, las matemáticas se vuelven tan divertidas como si fuésemos músicos en una banda de rock. Es obvio ver lo divertido que es tocar en una banda de rock, sin embargo nadie percibe la diversión y alegría de comprender más matemáticas. Esta diversión y alegría solo es perceptible dentro de nuestra mente, y se traduce en un estado de plenitud y satisfacción.

La capacidad de abstracción (o coeficiente intelectual [CI]), la notamos fácilmente en algunas personas pero es difícil de medirlo con certeza; no es tan simple como medir la temperatura corporal, aunque podemos estimarla con un examen psicométrico. En la preparatoria podíamos identificar claramente (sin examen psicométrico) quién era más (o menos) inteligente que nosotros. Esto lo podíamos “medir” casi con la misma precisión con la que “mediamos” nuestras estaturas. Por ejemplo todos en prepa sabíamos aritmética y álgebra, pero algunos (como

Feynman) ya sabían cálculo antes de llevar el curso. Estos compañeros tenían un poder de abstracción superior al promedio.

El mensaje final de este texto es que todos podemos incrementar nuestra capacidad de abstracción (o CI) a través de las matemáticas, aun como aficionados. Actualmente una minoría encontramos las matemáticas divertidas, pero la cultura matemática se está incrementando rápidamente en los países asiáticos, en especial en China. Esta afición además de ser divertida nos permitirá encontrar un mejor trabajo, más abstracto, en donde los robots (de manufactura o de software) no nos puedan desplazar, pero sobre todo por el llano placer de entender mejor nuestro universo. Las palabras de Galileo Galilei siguen siendo ciertas hoy en día, “el libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático”.

 


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