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Historia de una ausencia 

León, Guanajuato

Arte y Tendencias

Historia de una ausencia

Por Juan Antonio Tun Naal    04/09/18

¿Puede el cuerpo ser o estar presente cuando lo que se manifiesta es el ideal, el canon, la expectativa?, ¿existe el cuerpo fuera de la carne?, ¿es posible el cuerpo (carne) en la imagen, su imagen?, ¿cuántas veces se ha manifestado el cuerpo en la historia del arte?

En la espiritualidad la carne se obvia, en la racionalidad se suprime. La perspectiva, la óptica sujeta a la racionalidad cartesiana, la elimina. El ojo perspectivo organizador, el del punto de fuga, el posibilitador de la Edad Moderna, es un ojo descorporalizado, trascendental, omnisciente, es previo a la experiencia, a lo que ve. En el desnudo, en el cuerpo observado, no se manifiesta el cuerpo, se expresa la mirada y ésta lo sujeta, lo subordina. Así nace la historia del arte; sin cuerpos.

Para la Modernidad clásica el cuerpo fue un estorbo o un objeto a explotar; en la religión la amenaza del pecado; en el arte un modelo, un objeto a observar para conmover o desear; en ciencia algo que diseccionar, aliviar o perfeccionar para trascender la mortalidad insoportable, la vulnerabilidad ineludible.

El cuerpo es la experiencia concreta del ser en el mundo, es un entramado de sentidos que se mueve simultáneamente en varios niveles y no puede ser representado, pues ésta siempre será la simulación de una cosa, y el cuerpo debe ser y estar. El cuerpo no es canónico ni ideal, no es un ente abstracto, no puede serlo; sin la carne, ni la sangre, los órganos, los huesos, los detritos ni su respiración, el cuerpo no existe. Para ser se requiere su presencia completa no sólo su imagen.

El cuerpo no existe en la fotografía, apenas aparece en la pintura y con dificultad se intuye en la escultura. La carne no se parece al sfumato ni al mármol con su blanquitud; su tersura y rigidez son, en muchos sentidos, su negación, esas aspiraciones de eternidad, divinidad y perfección le son ajenas, el cuerpo es lo otro, lo que huele, se muerde, se penetra y se pudre. No aparece en metáforas reivindicadoras ni en las advertencias del Bosco, se ausenta de las proporciones perfectas, el cuerpo de Cristo y demás objetos pintados o representados no son cuerpos, no los podemos comer porque el espíritu no come.

Sin embargo, se encuentra en el baile, en el vestido, en los tejidos que envuelven la carne, los Parangolés de Oiticica, en el performance que lo hace presente; estuvo en el expresionismo abstracto, sus afluentes y sus derivados, en la medida que fue pintura de acción y a veces se ha encontrado en la arquitectura que el cuerpo usa.

La carne exige su lugar para dar origen al arte contemporáneo, este sólo es cuando es anti-categórico, indisciplinado, anti-eurocéntrico, decolonial. Así, el cuerpo postcolonial y su arte contemporáneo sólo podrán aparecer después de la Antropofagia. Un saludo a Oswald de Andrade.

Juan Antonio Tun Naal. Licenciado en artes visuales en la Universidad de Guadalajara y maestro por la Academia de San Carlos de la UNAM. Acreedor de menciones honoríficas en la XI bienal nacional Diego Rivera, actual profesor de la Escuela de Artes Plásticas Antonio Segoviano.

Texto publicado originalmente en Revista Cultural Alternativas 98. Historias de una ausencia. 


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