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How to make art 

León, Guanajuato

Arte y Tendencias

How to make art

Por Lynne Heller   21/08/18

Como parte de la temática ‘Multiculturalidad’, en este número 97 de la Revista Cultural Alternativas, es que se ha respetado el idioma original y sintaxis de la autora.

The best way to make art is to not know you are making it. The best way to not know you are making it is to travel. Perhaps this is not the way that all artists work, but I’ve discovered over the years that travel is a potent means for dislocating my sense of the usual and evoking wonder. And for me wonder is what propels my art. Mostly I wonder about people and what they have created. Sometimes I wonder about animals too. What are they thinking, feeling, reacting to? But I can honestly say that people are much more mysterious, even though theoretically one can imagine that one can get to know people via communicating with them. However, I would like to emphasize the word ‘theoretically’, because in my experience my wonder grows exponentially to my knowledge of people and the world.

In 2006-07 I went to live in New York City for a year. I lived with my husband in an apartment that was 344 square feet. I had high hopes of establishing a studio and making art for a year - a bit of a sabbatical for me. It quickly became apparent that the size of the apartment, the cost of Manhattan real estate and my disconnect from any community were conspiring to make creating a tricky business. So I gave up on the idea of creating anything. Instead I decided to see everything there was to see in NYC. Day and night I kept up a schedule of visiting galleries, museums, tourist sights, cemeteries, street fairs, historic houses, lectures, readings, parks - everything. My favourite jaunts were walking tours, mostly self-led. 

The entire time I was out and about I had a camera with me. I don’t think of myself as a photographer so I wasn’t carrying it for artistic purposes. I just thought I needed to have it with me. My big frustration with taking photographs is that there is always the split second between what I want to record and what gets recorded. Once again, in response to this reality I gave up. I started to shoot photos in a random and ‘off the hip’ style, not really investing in any particular photograph. It was about a year later, when I returned to my home in Toronto, Canada, that I realized I had created two majors bodies of photographic work - all without being aware I was doing it. 

The first series was called ‘Chelsea Girls’ and consisted of images I had taken while visiting the white walled galleries of the art district in Manhattan called Chelsea. I was not photographing the art in the galleries but the front desks with their white Macintosh computers that matched the walls in colour and generic appeal and the little bits of humanity that appeared just above the huge flat screen monitors. The tops of people’s heads were the only sense one had that people inhabited this space along with the art. The work was an expression of my being a stranger, an outsider, looking at the epicentre of the art world and wondering. 

The second body of work that developed out of the year in NYC was the series I call NAFTA - North American Free Trade Art, the work that is being shown at the museum until August 5th. 

La mejor forma de hacer arte es no ser consciente que lo haces. La mejor forma de no saber que lo haces es viajando. Tal vez este no es el método que trabajan todos los artistas, pero con los años he descubierto que viajar es un potente medio para dislocar mis sentidos de un evocativo y usual cuestionamiento. Y para mí, la pregunta es lo que impulsa mi arte. Muchas veces me pregunto sobre la gente y lo que ha creado. A veces, también me pregunto sobre los animales, ¿qué piensan, qué sienten, a qué reaccionan? Pero debo decir, honestamente, que las personas son mucho más misteriosas incluso cuando teóricamente uno puede imaginar que puede conocerlos a través de la comunicación. Sin embargo, quiero enfatizar la palabra ‘teóricamente’, porque en mi experiencia mis preguntas crecen exponencialmente al conocer a las personas y el mundo.  

Durante un año (entre 2006 y 2007) viví en Nueva York con mi esposo, en un departamento de 31 metros cuadrados; ahí tenía grandes esperanzas de establecer un estudio y hacer arte por un año –algo sabático para mí-. Rápidamente se volvió evidente que el tamaño del departamento, el costo de los bienes raíces en Manhattan y mi desconexión de toda comunidad, conspiraban para hacer de la creación un negocio complicado, así que me rendí ante la idea de crear lo que fuera. En lugar de eso decidí ver todo lo que puede verse en Nueva York. Día y noche mantuve una agenda de visitas a galerías, museos, lugares turísticos, cementerios, ferias callejeras, casas históricas, conferencias, lecturas, parques, ¡todo! Mi excursión favorita eran los tours a pie, donde era mi propia guía.

Todo el tiempo estaba afuera con una cámara. No me considero fotógrafa, así que no cargaba el equipo con propósitos artísticos sólo sentía que debía tenerlo conmigo. Mi frustración más grande con la fotografía es que siempre está esa fracción de segundo donde queda capturado algo diferente a lo que quería. Una vez más, como consecuencia de esta realidad, me di por vencida. Comencé a fotografiar al azar e impulsivamente, sin invertir algo en ninguna fotografía. Fue un año después cuando, ya de regreso en mi casa en Toronto, Canadá, me di cuenta que había creado dos grandes colecciones de trabajo fotográfico, sin ser consciente que lo hacía.

La primera serie se llamó “Chelsea Girls”, consistió en imágenes que tomé mientras visitaba las blancas galerías de arte en Chelsea, un distrito de Manhattan. No fotografié el arte de las galerías sino los escritorios de recepción con sus blancas computadoras Macintosh que se igualaban con el color de las paredes y los atractivos, así como los genéricos trozos pequeños de humanidad que aparecían justo encima de los enormes monitores de pantalla plana. La parte superior de las cabezas eran el único indicio de que había personas en ese espacio junto con el arte. El trabajo fue  expresión de mí siendo extranjera, una forastera viendo hacia el epicentro del arte mundial y preguntándome.

El segundo compilado de fotografías que desarrollé ese año en Nueva York, fue una serie que llamé “NAFTA - North American Free Trade Art”, que se exhibe en las salas de exposición del Teatro María Grever hasta el 5 de agosto.

 

Texto publicado originalmente en Revista Cultural Alternativas. The best way to make arte. 


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