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La histórica pero desaparecida Martinica 

León, Guanajuato

Cultura, Identidad y Patrimonio

La histórica pero desaparecida Martinica

Por Luis Alegre | Fotografía: Erik Meza   14/06/18

La ciudad ha tenido tres franquicias en la primera división del fútbol mexicano: León, San Sebastián y Unión de Curtidores. Todos jugaron en la Martinica y en su cancha vivieron la gloria y el infierno persiguiendo un balón. 

El estadio se construyó originalmente para el San Sebastián, equipo fundado en 1945 por la familia Guerra. El terreno, parte de un ex rancho conocido precisamente como La Martinica, era de su propiedad. El León, que había debutado en el fútbol profesional un año antes ya tenía su propio campo —el Fernández Martínez—, pero el de los llamados Santos era el doble de grande y eso que solo tenía las dos tribunas laterales.

El estreno oficial de La Martinica fue el 31 de enero de 1946, contra el América; empataron. No eran días muy felices: un mes antes el gobierno había reprimido atrozmente a los valientes ciudadanos que luchaban contra el fraude electoral. El primer lleno que registró el nuevo estadio fue exactamente cuando se enfrentaron San Sebastián y León. Doce mil personas atestiguaron un reñido empate.

«ERA UN ESTADIO ENTRAÑABLE». Roberto Gómez Junco

Fue justo la creciente afición lo que llevó a los panzas verdes a mudarse a la vera del río de los Gómez; por eso mismo se levantó la cabecera de ese lado. Con esa tribuna ya cabían casi 17 mil fieles cada partido.

En esa cancha forjaron los Esmeraldas dos de las cuatro estrellas que ganaron en su época de oro. San Sebastián y León compartieron el estadio por varios años, solo que los Santos jugando en la Segunda División: fueron el primer equipo en descender.

En 1967 se fue el Club León para estrenar su propia casa no muy lejos de La Martinica, a donde a su vez llegó el Unión de Curtidores como benjamín de la Segunda División. A mediados de los setentas, los cuereros fueron invitados a jugar en Primera. El estadio, uno de los más pequeños para entonces en el máximo circuito, vivió una nueva época de oro. Las viejas tribunas vibraron con aquel equipo humilde que se robó el corazón de la afición y que tocó el cielo de la mano de Antonio La Tota Carbajal.

En los ochentas el sueño se esfumó: el Unión de Curtidores bajó a la Segunda, regresó como campeón y al año siguiente cayó de nuevo a la división de ascenso para nunca volver. Llegó la decadencia. Su campo acogió equipos de divisiones inferiores, luego amateurs, al final de amigos.

El ocaso del antiguo templo futbolero vino de la mano de la ambición. Su demolición fue el conjuro para que un día lleguen las inversiones. Hace unos días, el ex futbolista y reconocido analista en medios Roberto Gómez Junco vino a León para presentar su primer libro y quiso darse una vuelta para ver que quedaba de La Martinica, donde jugara uno de sus primeros partidos como profesional.

Al ver el campo yermo rodeado de apenas unos ladrillos, suspiró. «Era un estadio entrañable», dijo. Lo más triste es que no hay siquiera una placa que así lo recuerde y solo queda la memoria, peligrosamente fugaz, inequívocamente feliz, de quienes hayan gritado gol desde la cancha hasta la última grada. ❦

Luis Alegre es periodista y cronista de historia local; es autor y colaborador de distintos libros sobre la ciudad de León. Fue reportero de los diarios a.m. de León y Reforma, así como columnista fundador de Milenio León. Ha publicado en distintos medios locales y nacionales.

Texto originalmente publicado en Revista Cultural Alternatvas no. 95. La histórica pero desparecida Martinica. 


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