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De colores se visten los platos 

León, Guanajuato

Cultura, Identidad y Patrimonio

De colores se visten los platos

Por María Luisa Vargas San José    22/03/18

¿Qué sería del sabor sin la combinación sensual de tres elementos básicos que refuerzan la función de nuestras papilas gustativas: el aroma, la textura y el color?

Alimentos buenos tienen buenos colores, el cuerpo lo sabe, por ello preferimos aquellos apasionadamente rojos o tremendamente verdes, cálidos marrones, alegres naranjas y simpáticos amarillos por encima de los dudosos azules que resultarían divertidos para un caramelo o un helado.

Aromas estupendos, texturas interesantes y hermosos colores llenos de gracia; juegan con nuestros sentidos en la ensalada del verano, el pastel de la fiesta de cumpleaños, la paella del domingo, el pico de gallo en los taquitos, la rosca del Día de Reyes o la sopa de verduras, en donde bailan los cubitos anaranjados de las zanahorias, las verdes canicas de los chícharos y los blancos dados de las papas cocidas, persiguiéndose entre un  torbellino de hojitas de perejil o cilantro.

Cuando olemos, sentimos y vemos, el sabor aparece intensificado, enriquecido… y la huella que deja en nosotros es perdurable. Si hiciéramos el experimento de comer con los ojos vendados, encontraríamos que no sería fácil reconocer el platillo que probamos, aunque éste fuera muy familiar, pero lo peor sería que más de la mitad del placer que gozamos normalmente se habría evaporado. ¡Y eso que hay maravillas culinarias que nos hacen cerrar los ojos y levantar la cabeza al cielo! Pero es un gesto momentáneo, solo para concentrarnos con más fuerza en lo que sucede dentro de la boca.

Para provocarnos de verdad, un platillo debe ser bello por dentro y por fuera, debe verse hermoso y saber hermosamente; sin embargo, ambas apreciaciones dependen muchísimo de aquello que en nuestra tribu se considera “bueno para comer” y que consideramos sabores culturales, pero que curiosamente tienen mucho que ver con los colores que hallamos sanos, lozanos, frescos, naturales.

Los jitomates y las fresas tienen la forma de un rojo y saludable corazón y curiosamente son magníficos para éste, con su gran cantidad de licopeno y antocianinas, entre otros componentes; poseen antioxidantes que ayudan a mejorar la libido y la memoria, ambas cosas indispensables para darle vuelo al amor  y buen ritmo a  la sangre que circula en nuestras venas.

Alimentos verdes como los  pequeños arbolitos de brócoli, las elegantes acelgas, las portentosas espinacas y los pimientos, que con sus isoflavonas, magnesio, clorofila, luteína, y ácido fólico, ayudan a depurar el organismo fortaleciendo al hígado, mejoran la salud ósea para poder mover el esqueleto con estilo y reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Blancas cebollas y ajos, almendras y nueces, gorditos champiñones, voluptuosas coliflores y bicolores rabanitos son ricos en alicina, que es un compuesto al que se atribuyen propiedades antibióticas, ayuda a prevenir la hipertensión y mejora la circulación. Los alimentos de color blanco son ricos en minerales como el potasio, el selenio o el azufre según el alimento, combaten la retención de líquidos, actúan como antibióticos naturales combatiendo infecciones y subiendo las defensas, tienen función expectorante que nos ayudará con las toses y los catarros del invierno.

Dulces piñas y guayabas amarillas, alegres naranjas, zanahorias y papayas, suaves melones, aterciopelados duraznos que deben su hermoso color al rico almacén de  carotenoides (beta caroteno), luteína, zeaxantina, vitamina A, B y C  que mejoran la calidad de la piel, generan sensación de bienestar y combaten el envejecimiento prematuro y amargoso.

Moradas berenjenas, espectaculares betabeles, panzones higos y ciruelas, dulces uvas tintas y bayas otoñales como las moras, las zarzamoras y arándanos tienen dentro de su ser animosos antioxidantes, antocianina y quercetina… muy rejuvenecedoras. Además, estas pequeñas bolitas ácidas suben las defensas y  tienen propiedades diuréticas y antioxidantes. 

Cada plato es un lienzo para pintar bellas obras comestibles, que de la vista nazca el amor pues “… por eso, los grandes amores, de muchos colores me gustan a mí”.

 

Texto publicado en la Revista Cultural Alternativas. Agua la boca. De colores se visten los platos en la primavera. 

Texto publicado en la Revista Cultural Alternativas. De perfil: Juan Meliá, gestor y promotor cultural

Texto publicado en la Revista Cultural Alternativas. De perfil: Juan Meliá, gestor y promotor cultural

Texto publicado en la Revista Cultural Alternativas. De perfil: Juan Meliá, gestor y promotor cultural

 


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