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El presuntuoso intento de los últimos Jedi 

León, Guanajuato

Cine y Escénicas

El presuntuoso intento de los últimos Jedi

Por Juan Ramón Velázquez   08/01/18

La evolución de SW como fuerza cultural ha seguido el viaje opuesto a las claridades que predica su narrativa. El lado oscuro ha tomado el control y las señales se veían desde 'El retorno del Jedi'. En esta ocasión, Juan Ramón Velázquez Mora sopesa los pros y contras de una película que ha causado sentimientos encontrados en los seguidores de esta saga. 

 

Sospecho que al principio, dentro de la mente de Lucas, este relato mitológico inoculado de posmodernidad respondió a una inquietud sincera. Después, el materialismo rampante de nuestra era desgració lo que de origen era además bello y estimable. Hoy en día ya no queda casi nada de lo que hizo inolvidable aquella vieja triada de películas. Lo que hay es un estudio gigantesco que parece haber tomado el puesto en la sociedad humana que antes ocupaba la Iglesia de Cristo. Disney se ha encargado de adquirir como si fueran frutas los productos de entretenimiento más valiosos económicamente , por lo que (ay de nosotros) su poder sobre lo que vemos en pantallas tiene un dominio atemorizante. Volteemos a vernos. Nuestros abuelos tenían nichos con santos, nosotros tenemos cuartos con juguetes. "Juan" y "María" son ahora "Anakin" y "Padme" en las pilas bautismales.

La palabra "arrogancia" resumiría bien la sensación que me transmitió "Star Wars: The Last Jedi" (Rian Johnson, 2017). Primero la arrogancia de los estudios, que quieren seguir exprimiendo las tetas del monstruo sin que les importe nada de lo que hacía entrañable a la trilogía original. La estela de episodios mediocres, derivados peores, criaturas ridículas y juguetes con precios ofensivos seguirá mientras los prosélitos sigamos intercambiando tan fácil el sudor de nuestra frente por baratijas resplandecientes.

Luego está la arrogancia del director-escritor. Imagino que debe ser muy difícil trabajar en algo como Star Wars. Una responsabilidad enorme, alentada por los caprichos del mercado y mantenida siempre joven por las artes oscuras de la publicidad. Supongo que para un producto industrial de este tamaño, los responsables del dinero buscan a un técnico competente pero de talento mediano. Es así que el director pasa a ser un mero nudo en la madeja de hilos que toma las decisiones. En recompensa, le dan un margen "creativo" (esta palabra les encanta a los enemigos de la creación) que a veces, como ahora, termina produciendo desastre.

Las críticas negativas sobre la entrega anterior se dirigieron a lo poco que se despegó del esquema setentero. A mí no me pareció del todo mal; creo que se debió a la correcta interpretación del espíritu de la saga. Su valor como narrativa es el aire mitológico —es decir cíclico, con un pie fuera y otro dentro del tiempo. Rian Johnson no piensa igual. Embriagado con las licencias que la máquina le haya concedido a su inventiva para manipular "el producto" (así habla esta gente), pensó que sería buena idea empezar todo de nuevo. Si la película anterior pecó de contención, ésta peca de exceso.

Ojalá fuera sólo una crítica al espíritu de la saga lo que Johnson, en su hubris, se sintió digno de ejercitar. Lo peor son los sermones motivacionales apenas velados sobre el estado socio-político del mundo; o las alegorías sobre el lugar en la historia de la feminidad y el heroísmo, dignas de un estudiante de secundaria atolondrado. Los que estimamos la saga por habernos conmovido en la infancia y hacernos soñar con aventuras imposibles lamentamos esta falta de responsabilidad. Y lo que duele no es el descaro —eso se agradece—, sino la medianía. En el camino para tocar los puntos que quiere, la película se vuelve muy aburrida. El chicle se estira hasta el punto de perder sentido. Hay sub tramas enteras sin función dramática real, que sólo están ahí para soltar algún mensaje pretencioso sobre ponis intergalácticos que aman a los niños (?), o disparates por el estilo, pero no para contar una historia eficaz y entretenida. Así, tenemos una película con más de dos horas de largo en donde casi no pasa nada, con apenas un puño de secuencias interesantes.

Las intenciones, en lo que a mí respecta, fueron claras. El humor pícaro estilo Marvel aparece apenas a minutos del inicio, con los chistes malos de Poe Dameron. Luego nos derrumban todo lo que habían construido con los personajes en las películas anteriores. Algunos ejemplos: Hux, que se nos había presentado como figura de autoridad, es tratado como un trapo. Luke Skywalker, el gran héroe central de la trilogía original, se comporta más como un puberto emo que como maestro Jedi. Y así con todo. Los personajes son tratados sin respeto, como meras cifras en una ecuación dirigida a promover mensajes que exceden el alcance de una space opera. El sendero de estupidez y obviedad tiene un punto amargo con el encuentro entre Rey y Luke , y culmina cuando, por boca de una guapísima Laura Dern, el director se da el lujo de regañar la noción de heroísmo improbable que ha estado en el centro de todas las películas de Star Wars desde el principio.

Me pregunto en cuál ejército de qué imperio habrá tantas mujeres en puestos de poder. Ciertamente no sucede nada parecido en este planeta. ¿O será una cuota para que las niñas tengan más juguetes que exigirle a sus padres en navidad? ¿O para lanzar dos que tres puntos sobre el poder femenino? Ambas cosas no son malignas de por sí, pero parece que los productores creyeron lo que les dicen los engañosos dólares y piensan que son lo más importante del mundo. Creen tener alguna especie de responsabilidad fuera de hacer una buena película. Yo pienso que no es así. Lo que funciona de Star Wars para mí es la diversión, el entretenimiento simple para todas las edades. Al ver The Last Jedi atestigüé una criatura digna de Frankenstein: a medio descoyuntar, sin entender bien sus poderes ni su lugar sobre esta tierra. Una lástima.

Lo dicho no me impide destacar algunos puntos valiosos. En términos visuales es una película efectiva, a pesar de sus excentricidades. Las escenas sobre la naturaleza de la fuerza me parecieron interesantes. El fin de Luke es lo único bueno que le añadieron al personaje en esta entrega, y me hace sospechar que se encuentra a la derecha del Padre, junto con Cristo, Buda, Osiris y Charles Manson. La aparición de un Rick Sánchez rompecódigos es desconcertante, rayando en la sorpresa agradable. De todas las figuras arquetípicas de las que se abusa en este guión, el trickster es  la más interesante.

 


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