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¿Sueñas a color o en blanco y negro? 

León, Guanajuato

Arte y Tendencias

¿Sueñas a color o en blanco y negro?

Por Lucía Álvarez    27/12/17

¿Cómo ha cambiado el arte la representación de los sueños? Tras una breve revisión de la aparición del mundo onírico en los territorios del arte, Lucía Álvarez nos muestra un punto de intersección entre los sueños, la psicología y el arte; nos habla de cómo afecta la realidad cuando dormimos, ya que hasta para soñar tenemos que ser actuales. ¿Sueñas a color o en blanco y negro?

 

A lo largo de la historia, los seres humanos hemos intentado encontrarle una explicación lógica al mundo de los sueños, pero ¿cómo ha cambiado el arte la representación de los sueños? Más que nada, la manera en que éstos se crean y se afrontan. El movimiento surrealista (originado a principios del siglo XX) no fue la única corriente cuyo tema principal fue el mundo onírico. Ya con anterioridad, diversos autores como William Blake, Francisco de Goya o Hieronymus Bosch habían desarrollado un lenguaje cargado de imaginación y ensueños, pero la diferencia entre éstos, más allá de su contexto histórico, residía en la forma en que los seres humanos entendíamos y apreciábamos la obra. El mundo onírico en el arte surgió como una necesidad de los artistas de salir de las rígidas representaciones plagadas de simbolismos y extrema observación.

En la época antigua, las obras basaban su interpretación en la religión, las divinidades, los oráculos o la adivinación. Teorías como el psicoanálisis, desarrollado por el psiquiatra Sigmund Freud, y en cuyos lineamientos se basa parte del surrealismo, eran por completo inconcebibles. Para 1799, Goya buscaba significados más moralizantes en sus grabados conocidos como Caprichos (El sueño de la razón produce monstruos) y hasta unos años más tarde surgió lo surreal más bien como un asunto patológico, casi siempre cargado de frustración. Pero la relación entre el arte y los sueños no solo fue evidente en los siglos pasados y no solo se dio en las técnicas pictóricas y escultóricas, podemos encontrarlas también en analogías cinematográficas como en la obra de David Lynch; que en sus películas y series evoca diversos trabajos artísticos basados en la psique como en la obra del belga René Magritte o el del irlandés Francis Bacon. Lynch toma la visión del artista original y la adapta a su propio molde. En México, existieron exponentes en diversas disciplinas como en la arquitectura, con los jardines del escocés Edward James en la Huasteca de San Luis Potosí o las grandes obras del cine mexicano a cargo de Luis Buñuel. Pero quizá el mayor y más notable beneficio sobre la interpretación de los sueños en el arte fue el de las llamadas vanguardias artísticas, tales como el surrealismo, pues surgió no como un movimiento artístico, sino como una forma de vida, al ser capaz de manifestarse en cualquier actividad humana, al unir el arte con la vida. Con su lenguaje onírico, mostraron una nueva manera de interpretar al lenguaje y a las imágenes, convirtiendo los sueños en un imaginario colectivo; pues, pese a que los sueños son generados a través de una experiencia personal real, a través de las imágenes existe la posibilidad de generar una memoria colectiva, una nueva manera de verse reflejado en el prójimo y en la propia obra de arte. En los trabajos artísticos los espectadores vieron materializados sus sueños, cumpliendo sus más anhelados deseos (de manera oculta), a través del artista. Los espectadores, comenzaron a relacionar su psique con actividades reales  y cosas tangibles; encontraron en las obras una

similitud de las imágenes que ellos mismos crearon en el inconsciente y a su vez, fueron capaces de pensar en un mundo diferente al real. Es decir, el arte les permitió ver cosas que de otra manera se quedarían en la sombra, algo así como el mito de la caverna de Platón. Pero volvamos al principio, y es que posiblemente todos estos cambios de gestación e interpretación entre los sueños y las obras de arte a través de los años se debieron a la manera en que entendemos la realidad y los sueños. Si lo pensamos, la realidad siempre es un tema de actualidad, pues va de la mano con el desarrollo y el entorno social. Y hasta para soñar, tendemos a ser actuales. Por ejemplo, la televisión a color provocó en el sueño de los televidentes una gran influencia, ya que las personas de edad adulta, quienes no tuvieron un acercamiento directo a este gran avance tecnológico, recordaban haber soñado en blanco y negro, a diferencia de las personas de mediana edad, quienes sí tuvieron dicho acercamiento. Nuestro cerebro no elige  aleatoriamente los colores impuestos en el sueño o en la vida, sino que los relaciona  directamente con un simbolismo ligado a las emociones entre lo vivido y lo soñado. Porque, básicamente,  los sueños son experiencias visuales, son imágenes que crean sensaciones y que se convierten en una realidad fragmentada. Si bien los sueños tienen una razón biológica tampoco son solo un acontecer pasivo en la vida del ser humano, actúan como estímulos que nos mantienen alerta.  Si pensamos sobre el arte en su fase más romántica, entenderemos que el arte funciona de la misma manera que el proceso soñador en el ser humano, es decir, el artista se asemeja al soñador, a alguien que juega y crea, a partir de un proceso, una fantasía; bien lo dijo Avelina Lésper para la revista Replicante: “Igual que los niños, los artistas crean un mundo distinto del real”. Actualmente, la apreciación y escenificación de los sueños en el arte no ha cambiado en gran medida; entendemos a la obra de arte como una alegoría que ayuda al soñador como  boceto de solución de sus conflictos aun no resueltos, encuentra un significado ambivalente, entre oráculo y a su vez se valida en las teorías freudianas, una verdadera revelación hecha por el artista; es a través de éste, que el humano toma decisiones en su vida consciente. Dicho de otra forma, el arte sigue siendo un redescubrimiento gracias al descubrimiento de alguien más (llámese artista). El  mejor resultado: un punto de intersección entre los sueños, la psicología y el arte.

 


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