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Pócimas mágicas (Primera parte) 

León, Guanajuato

Cultura, Identidad y Patrimonio

Pócimas mágicas (Primera parte)

Por María Luisa Vargas San José   01/11/17

En esta edición de ‘Agua la boca’, María Luisa Vargas San José nos comparte algunas pócimas que alimentan y descubre la magia (no tan oculta), que se encuentra en deliciosos platillos, como es el caso del Confite de Jacintos. Esta magia que se manifiesta a través del aroma, textura y sabor, curan el alma, levantan el ánimo y ayudan al cuerpo a reponerse para enfrentar un nuevo día. 

 

¿Existe la magia? Por supuesto que existe, ¿quién lo duda? lo que pasa es que estamos demasiado acostumbrados a ella. El día entero nos la pasamos elaborando e ingiriendo pociones que disparan multitud de reacciones químicas en nuestras glándulas, en el cerebro, en la sangre, y hasta en el interior de nuestros mismísimos huesos.

Pócimas que nos alimentan, que nos emborrachan, nos alucinan o nos curan. ¿Qué otra cosa son los medicamentos que en forma de tabletas, cápsulas, jarabes, polvos o infusiones sino pociones mágicas? ¿Y la sopita de pollo para la gripa, el café de la mañana y la tisana de azahar antes de dormir? ¿Las hojas de lechuga en la bañera de los bebés inquietos, el ramito de lavanda o de citronela contra los mosquitos y las mil hierbas de olor -tan digestivas- en cada guisado?

El inocente té de manzanilla alivia los gases, la diarrea verde de los niños, regula el ciclo menstrual y las infecciones de la piel y los ojos; es una pócima que hemos usado por siglos en todas las casas, y sus efectos son más que conocidos. Un hueso de mamey carbonizado en la lumbre y molido hasta hacerlo polvo se debe poner como cataplasma sobre las llagas y heridas superficiales para cicatrizarlas. Tintura de chilcuague para la infección de garganta, una infusión de pingüica con cabellos de elote aliviará los males de riñón, la hidropesía y la prostatitis. La herbolaria entera, con sus cientos de miles de recetas tomadas del cocimiento empírico generación tras generación, es una de las brujerías más comunes y más antiguas; y no sólo los chamanes, las brujas y magos de renombre la han usado para sanar a la gente; los laboratorios de todo el mundo parten de materias primas reconocidas desde siempre por sus poderes sorprendentes, sus fórmulas son auténticos embrujos contra los más temidos males: antibióticos, antihistamínicos, analgésicos y medicamentos de última tecnología atacan aquellos demonios que se encarnan en nuestro organismo con la única y pésima intención de aniquilarlo.

Pero no sólo la medicina es brujería científica, la cocina toda no es más que la puesta en práctica de esa magia que restablece el ánimo con el café de la  mañana, potencia nuestra energía con un par de huevos rancheros llenos de proteína, equilibra la balanza con los frijolitos cardiovasculares repletos de ingredientes secretos como la tiamina, riboflamina, ácido fólico y niacina y nos empuja a empezar la jornada con vaso de jugo de naranja, que es un bombazo de alegría llena de azúcares y vitamina C.

Pura magia de la buena, de la que sirve para vivir más y mejor.

Receta

Pues bien, para que no se diga que no podemos hacer magia, hoy recurriremos a una pócima para alegrar los corazones tomada literalmente del libro de Brigitte Bulard-Cordeau titulado ‘Cocina. Mis secretos de Bruja’, editado por Océano en Chile, 2008, y que dice así:

Confite de Jacintos

El Jacinto es conocido también como Muguete azul o Endymion, en alusión al pastor al que Zeus sumió en el sueño eterno. Las flores de Jacinto, que se agrupan en un racimo inclinado, dan a la planta un aspecto somnoliento. Esta flor cambia de significado según su color, y así, un Jacinto blanco significa “amarte me hace feliz”; uno azul, “me llenas de esperanza”; amarillo, “mi amor te hará feliz”; y rojo, “tu amor me invade” pero en el fondo siempre expresa felicidad amorosa.

Compras y cosecha (ingredientes)

1 puñado grande de campanillas de Jacinto silvestre

1 puñado de mil amores

20 flores y botones de margarita

5 ramas de perifollo (perejil)

3 cucharadas de aceite de girasol

1 cucharada de vinagre de jerez

Sal y pimienta

¡A la marmita! (modo de hacerse)

Lava el perifollo o perejil, las hojas y las flores, sécalas con cuidado en papel absorbente. Prepara una vinagreta con el aceite, el vinagre, la sal y la pimienta y mezcla ligeramente antes de servir como ensalada para acompañar quesos con pan de nueces. 

 

 


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