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Ruido y silencio, otra forma de escuchar 

León, Guanajuato

Música

Ruido y silencio, otra forma de escuchar

Por Ricardo Cárdenas Montiel   04/07/17

Ricardo Cárdenas Montiel nos invita a salir de ese círculo acústico específico y sectario que no nos permite establecer parámetros claros sobre el concepto de música. Quizá para entender esto e ir más allá de una simple clasificación (‘música buena y música mala’) es necesario remitirnos a compositores que en su tiempo fueron controversiales como Franz Liszt o Aleksander Scriabin. Aprendamos a escuchar. 

 

Los instrumentos no son lo principal,

todo es música, todo la contiene, cualquier objeto la irradia”.

Einstürzende Neubauten

 

¿Cuántas veces nos hemos encontrado debatiendo cual es la “buena” música y cuál es la “mala” música? , incluso llegando a ser intolerantes al respecto, encerrándonos en un círculo acústico específico y sectario.

¿Qué se puede considerar música y qué no? ¿Existen parámetros claros para poder distinguir los límites de este concepto o solo lo usamos como adjetivo? Para responder a estas preguntas podríamos empezar por esclarecer el significado de lo que es música, que para muchos puede sintetizarse en la organización de sonidos y silencios, entonces, ¿qué combinaciones de dichos sonidos y silencios pueden llegar ser considerados música y cuáles no? Este es el momento de empezar a cambiar de paradigmas entre, ya no digamos lo musicalmente aceptable, sino incluso lo tonalmente aceptable. Para esto podemos remontarnos a las obras de algunos compositores “controversiales”, como Franz Liszt, quien se dice desafinaba su piano con el fin de romper la tensión; Aleksander Scriabin, quien se inspiraba en el teosofismo y la filosofía de Nietszche; Arnold Schönberg y su concepto de  serialismo o hasta el mismo Julián Carrillo y su sonido 13.

Siendo un poco más atrevidos, podemos adentrarnos en los inicios de la música electroacústica, donde destacó gente como Morton Feldman o Edgar Varesé, considerado por algunos el padre de la música electrónica y del concepto de música concreta; Pierre Henry, Pierre Schaeffer y Luc Ferrari, del Grupo de Investigación de Música Concreta en RTF (París, 1949); Karlheinz Stockhausen, Herbet Eimer y Henry Pousseur, del Nordwestdeutscher Rundfunk (NWDR) en Colonia (Alemania, 1951); Bülent Arel ,Milton Babbit y Mario Davidovsky, del Columbia-Princeton Electronic Center en Nueva York.

En el caso de México, hubo compositores como Antonio Russek, Roberto Morales o Vicente Rojo, sólo por mencionar algunos. Todos ellos extendieron las capacidades creativas en torno a la composición de piezas y los instrumentos usados en ellas, incorporando elementos electrónicos a la música contemporánea de mediados del siglo XX. Si somos capaces de escapar a las estructuras tonales establecidas podríamos ser incluso capaces de apreciar todo lo audible como música, derribando las barreras y las distinciones entre lo que es música y lo que no. Una vez muerto el prejuicio, dejaríamos de percibir al oído solo como un órgano mediador encargado de conectarse con la mente y de darle un significado intelectual o racional a todo lo que escuchamos.

Pero ¿qué tan dispuestos estamos a escuchar? Esta pregunta resulta necesaria en la actualidad donde tenemos el control sobre lo que queremos escuchar y lo que no. Podemos usar de ejemplo el uso de auriculares, siendo nuestro ego endurecido y de orden dictatorial el que limita la escucha a la estimulación de la emociones por sonidos o música previamente seleccionada, evadiendo el entorno que nos rodea, ya que de cierta manera rompemos con la relación oyente - sonido - productor del sonido - espacio, estrechamente relacionados por el contexto histórico.

Ahora hablemos del ruido como concepto musical. Empecemos por saber qué es el ruido. El ruido lo podemos entender como cualquier sonido o señal sonora inesperada y ajena a nuestra voluntad. Desde principios de siglo XX hubo quien vio una oportunidad creativa con estos sonidos estridentes, como Luigi Russolo, perteneciente al movimiento futurista italiano y creador del texto (que sirvió incluso de manifiesto) llamado ‘El arte de los ruidos’ y ‘Entonadores de ruidos’. Estos últimos fueron instrumentos que intentaban asemejar los sonidos industriales de la ciudad, acoplándose como un instrumento más en una orquesta.

Un ejemplo más contemporáneo de la utilización de los llamados ruidos como materia prima es la banda alemana Einstürzende Neubauten, perteneciente al movimiento ‘Die Geniale Dilletanten’, quienes a principio de los 80 revolucionaron el proceso creativo echando mano de cualquier tipo de herramienta como instrumento musical.

Así surge la pregunta final: ¿El silencio existe? Para responder, podemos tomar de ejemplo el experimento hecho por el  compositor estadounidense John Cage en Harvard, en donde se introdujo en una cámara anecoica, la cual disminuye al máximo la propagación de ondas sonoras, haciendo que sea imposible escuchar algo estando dentro de la misma, pero aun así el compositor seguía percibiendo un par de sonidos que el describió como alto y bajo, siendo el alto el sonido de su sistema nervioso y el bajo su sistema sanguíneo irrigando sangre por todo su cuerpo, concluyendo así que el silencio no existe y solo es falta de atención ocasionado por la pérdida de la voluntad en oír.

Ya roto el mito del silencio podríamos concentrarnos en todo lo que nos rodea y contemplar los objetos por si mismos, teniendo el mundo como una enorme composición musical que suena todo el tiempo sin principio ni final. Ver cada momento como una oportunidad de estimular los sentidos con sonidos nuevos e irrepetibles, ya que incluso registrándolos con ayuda de la tecnología actual, solo tendríamos un archivo de un momento que ya pasó y no volverá a repetirse jamás, o en palabras del compositor y paisajista sonoro, Raymond Murray Shaffer: todo sonido se suicida y no vuelve.

 

 


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