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Películas para entender el cine

León, Guanajuato

Cine y Escénicas

Películas para entender el cine

Por Juan Ramón Velázquez   30/03/17

El criterio de esta lista es esquivo. La fascinación por las imágenes es algo aprendido pero al mismo tiempo tan omnipresente que apenas recordamos el proceso por el que conformamos su vocabulario. Parece que no hubiera nada que entender al respecto; sólo es algo que está ahí desde siempre y que seguirá haciendo de las suyas cuando todos los que conocemos hayan muerto —nosotros incluidos. 

 

 

Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950)

La historia de una trampa que termina por desencadenar una tragedia de proporciones justas para sus ingredientes y, de paso, para nuestra época. Tamizada por un humor inteligentísimo que ya no parece practicarse más, asistimos  al destino de Joe Gillis, guionista de Hollywood acechado tanto por las circunstancias como por el azar. El centro de todo es Norma Desmond, una estrella que alguna vez ardió con el vigor propio de los sueños y ahora se extingue con el sudor frío de una pesadilla febril.

 

 

Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958)

Hubo un tiempo en que los artistas de la cinematografía eran capaces de producir obras de altísimo calibre, con el dinero de grandes estudios, que las audiencias veían con gusto. Esos días se fueron hace mucho.

Regresar una y otra, y otra, y otra vez a esta gran ópera moderna sobre el amor, la locura y la muerte es siempre enriquecedor. Entre otras cosas, es una forma de recobrar la confianza en el género humano. La visión y revisión de esta película es —no exagero— asunto de vida o muerte.

 

 

8 1/2 (Federico Fellini, 1963)

Fellini entendió como muy pocos las posibilidades del cine para explorar las simas de la psique. 8 1/2 es un ejemplo de lo que se logra al ser profundamente personal. Se trata de un efecto paradójico: entre más se desciende hacia el fondo de una persona, más se van descubriendo instancias universales, con repercusiones que trascienden el tiempo, el espacio y la mera individualidad. En la publicidad de 8 1/2 se estampó la siguiente cita del director: "Esta película es acerca de tu vida… de tu familia… de tu trabajo… de tus dudas… de tus sueños… Te verás en el protagonista como si estuvieras asomándote a un espejo… Ésta es tu película". ¿Hay un mejor argumento para recordar que el cine es lo más cercano que conocemos a transmitir nuestros sueños por vía telepática? Películas como ésta cumplen la función de un espejo ritual en el que podemos ver todo lo repugnante y lo sublime que habita en nosotros.

 

 

Barton Fink (Hermanos Coen, 1991)

Esta película puede enajenar a algunos, sobre todo por la similitud que tiene con su personaje principal. Ambos (la película y Barton Fink) están demasiado encerrados en sí mismos como para ver lo que está sucediendo a su alrededor. El incendio de la demencia consumía al mundo mientras las colinas de Los Angeles producían churros sobre luchadores. El incendio de la demencia consume al mundo mientras vemos esta película. Nadie se preocupa por nadie más, incluso si ladran mucho al respecto. Barton Fink le propina unas buenas llaves de lucha a Hollywood con el aplauso distante de una sirena asoleándose en la playa. ¿Cuántas veces hemos cerrado las compuertas que nos unen con nuestro prójimo? Los hermanos Coen te mostrarán la vida de la mente.

 

 

Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

David Lynch es en cierta forma un guerrillero libertario. Sus películas contienen siempre un desafío a los fundamentos de la narrativa tal como se practica en occidente desde hace milenios. No es, por supuesto, el primero en hacerlo, pero sí es uno de los rebeldes más reconocibles en la historia del cine. Mulholland Drive es, vista a distancia, el broche de oro que clausuró una época. Es también, como otras películas en esta lista, una llamada de atención. El discurso que nos exige perseguir nuestros sueños sin fatiga contiene el veneno de la obsesión y la muerte si no se le sabe manipular con alta precaución. El cine —nuestros sueños, nuestras fantasías, el mundo que producen— es algo muy distinto a lo que vivieron nuestros antepasados.

Hay personas que dicen sólo tener pesadillas cuando duermen.

 

 

 

 


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